Terapia animal contra la violencia machista

terapia de perros con mujeres victimas de violencia

Terapia animal contra la violencia machista

Dos estudiantes de Terapia Ocupacional crean un proyecto de terapia en el que mujeres víctimas de violencia de género rehabilitan a perros maltratados.

Por Ricardo Blanco

La concienciación sobre los casos de violencia machista es sólo un primer paso en el largo recorrido hacia la eliminación total de esta lacra en nuestra sociedad que, actualmente, se cobra muchas vidas y provoca un gran sufrimiento.

En el caso de los malos tratos hacia los animales, hasta octubre de 2015 no se dictó en España la primera sentencia por maltrato animal contra un ciudadano mallorquín a causa de la salvaje paliza que propinó a su caballo. No se trata de equiparar ambas realidades, pero sí de explorar alternativas conjuntas que puedan ayudar a superar el maltrato en ambos casos.

Con esta premisa, surgió la idea de formar un grupo de terapia con perros maltratados utilizándolos como terapia para mujeres víctimas de la violencia de género. La idea suscitó propios recelos e incluso detractores, pero el empeño de Delia Guerra y Ana Lepe, sus dos impulsoras, consiguió salvar todos los obstáculos y poder ponerlo en marcha. “¡Cómo vais a comparar perros con mujeres!” fue una de las frases más repetidas al contar su proyecto. Algunas mujeres no realizaron la terapia porque tenían fobia a los perros o alergias, pero ninguna de ellas se ofendió por la iniciativa.

Según cuenta Lepe, todo comenzó como un proyecto de fin de grado junto a Guerra para unas jornadas de investigación de la Universidad Complutense de Madrid. En ese momento, cursaban Terapia Ocupacional y decidieron realizar una terapia asistida en un proyecto innovador. Fue muy difícil lograrlo porque según afirma Ana “necesitábamos pacientes, perros, un lugar donde realizarlo y que todos los involucrados pudieran estar disponibles durante ese año”.

¿Cómo surgió el proyecto?

En un principio, la idea era trabajar con perros potencialmente peligrosos en cárceles, pero fue imposible llevarlo a cabo por los impedimentos que se encontraron.

Insistieron en su empeño de realizar un proyecto en el que la empatía con el perro fuera mucho más fuerte porque Ana y Delia querían demostrar que “no era necesario que el perro estuviera entrenado y ladrara a la señal” para que fuera terapéutico.

“Es terapéutico ver cómo ayudas a un perro a recuperar la confianza en el ser humano”

Lepe, que siempre ha sido voluntaria en protectoras de animales, afirma que le ha resultado reconfortante ver “cómo un perro que ha sufrido maltrato recuperaba la confianza en el ser humano” y saber “que era yo quién había hecho eso posible; quizá eso era lo más terapéutico de todo”.

Una vez que ya tenían la idea, la plasmaron en un proyecto que presentaron ante la Dirección General de la Mujer de la Comunidad de Madrid, que lo aceptó a cambio de que alguna psicóloga experta en violencia de género les tutorizara.

Fue así como se encontraron con Diletta Rossi, con la que afirman trabajaron “muy agusto”. Rossi les ayudó a enfocar las sesiones desde el punto de vista emocional. Además contaron con Alexia San Martín, educadora canina, que también trabaja en un centro de mujeres víctimas de violencia de género. El proyecto se desarrolló en Madrid durante diez semanas del año 2015 en la Asociación Protectora de Animales “El Campito, Salvando Peludos”.

Los buenos resultados acabaron con los prejuicios

Lepe admite que el prejuicio que se había generado sobre su proyecto -muchos las seguían acusando de comparar a mujeres víctimas de la violencia de género con perros maltratados- les hacía ir con cierto miedo allá donde presentaban la idea. Sobre todo cuando se lo presentaban a las propias mujeres, ya que temían que su reacción no fuera positiva.

Aunque sólo eran eso, temores. La acogida entre las participantes fue muy buena. Pero no sólo al principio, sino que también fueron excelentes los resultados. La idea fundamental era que las mujeres educaran a esos perros maltratados para que volvieran a ser sociables y aumentar sus posibilidades de ser adoptados. El resultado no pudo ser mejor: todos los perros fueron adoptados después de pasar por sus manos.

¿Cómo puede ayudar un perro maltratado a una víctima de la violencia machista y viceversa?

En el proyecto no ha reflejado cómo uno de estos animales podía ayudar a una víctima de violencia de género porque la terapia era sólo observacional. Aunque Lepe dice haber notado que “los perros que más mejoraron, coincidieron en los resultados con las mujeres”. Por ejemplo, una de las participantes logró sacar adelante dos perras; y curiosamente, el proceso vivido por esa mujer fue uno de los más positivos entre las participantes.

Los perros se volvieron más sociables y las mujeres víctimas de violencia machista recobraron la autoestima

Estas mujeres ayudaron enormemente a los peludos. Lograron que estos animales estuvieran relajados junto al grupo de participantes y expertas. Los canes se comportaban de forma tranquila, estaban a su lado y jugaban. También se tumbaban junto a ellas en las sesiones de relajación. Pero lo más importante: consiguieron convertir a estos animales en perros sociables para poder ser adoptados.

Y como ‘pago’, ellos ayudaron a las mujeres a mejorar su autoestima. De hecho, las participantes hicieron un test para medir su estado emocional – autopercepción, valoración y cuadros de depresión y ansiedad- antes y después de la terapia, obteniendo unos muy buenos resultados después del proceso.

Uno de los casos más impresionantes del proyecto es el de una de las mujeres, que traía un gran sentimiento de culpa, ya que su ex pareja había matado a su perro. El hecho de poder salvar a otro, le ayudó a sentirse bien consigo misma otra vez.

Tras los buenos resultados, ¿se volverá a repetir?

Actualmente no se lleva a cabo por falta de presupuesto, aunque tienen en mente presentarlo de nuevo en septiembre en unas jornadas para profesionales de la Dirección General de la Mujer de Madrid.

Las creadoras afirman que el proyecto en sí no generó ningún gasto más que la comida y los arneses que compraron a los perros, pero las profesionales que llevan a cabo su trabajo en el proyecto deben cobrar y por ello hace falta financiación. De momento, difunden los buenos resultados que han obtenido con esta terapia para hacer ver que, no sólo es viable, sino que la mejora de los participantes es altamente beneficiosa. Así, esperan que pueda retomarse la idea y poder ponerla en marcha de nuevo.

¿Qué os parece esta iniciativa?

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