Rosa Montero: “El maltratador animal también lo puede ser de personas. Hay que perseguir a esos tarados”

rosa montero con su perro

Rosa Montero: “El maltratador animal también lo puede ser de personas. Hay que perseguir a esos tarados”

La escritora Rosa Montero nos habla de animales, derechos, injusticias y de la historia de Carlota y Petra, sus perras y fieles acompañantes

Por Mavi Revuelta / Fotos de Patricia A. Llaneza

Rosa Montero puede presumir de tener una dilata carrera a sus espaldas. Popular periodista y escritora, actualmente prepara la tercera novela futurista del personaje Bruna Husky. Entre sus títulos, La hija del caníbal, La ridícula idea de no volver a verte o su última publicación La carne. Y entre sus pasiones, los animales.

No fue hasta que empezó a vivir sola cuando tuvo su primer perro. Pero ya desde niña se le veía venir. Sus padres no le dejaban tener animales en casa así que, en lugar de jugar con muñecas, tenía animales de peluche. “El gran amor de mi infancia fue una mona de fieltro despeluchada que se llamaba Chita”, recuerda.

“Me encantan las ballenas, los osos, los lobos, las focas, los búhos y muchísimas más criaturas, pero no es operativo vivir con ellas”. Por eso comparte hogar con dos perras, Carlota y Petra, a las que considera su familia peluda porque “no me gusta la denominación de mascotas”. No concibe la vida sin ellas. “Como decía (el escritor francés) Anatole FranceQuien no ha amado a un animal, tiene parte del alma dormida”.

Carlota, de nueve años, es similar a un Border Collie pero con el doble de peso (30 kilos). Llegó a ella gracias a ANAA (Asociación Nacional Amigos de los Animales). Adoptada cuando tenía dos años, la suya es una historia de las que llegan. “Durante seis meses no se dejó tocar. Ha sido una perra muy difícil. No por mala, es la más buena que he tenido; pero sí por traumatizada” cuenta. “Este verano estuvimos en el monte, hacía mucho calor y bebió de todos los arroyos lodosos, así que se llenó el intestino de tierra. Cuando volvimos, tuvieron que hacerle una radiografía. Y nos dimos cuenta de que tenía el cuerpo lleno de perdigones; le pegaron un tiro a la pobre. Por eso tiene ese terror a los petardos, mayor que el de otros perros míos porque, para ella, es una cuestión de vida o muerte”.

A su otro lado, tiene a Petra (o Petrita, como la llama cariñosamente), de año y medio y cinco kilos. “Lo más cariñoso, dulce y lindo que he visto en mi vida. Adorable”. Así la define. “Me la regalaron mi prima y una amiga porque en mayo de 2015, antes de cumplir quince años, se murió mi Bruna, una Teckel de pelo duro que ha sido la perra de mi vida” explica. Es el primer animal que tiene comprado en un criadero. El motivo: “Querían estar seguras de que era de tamaño mini y de que, al crecer, no pesara más de ocho kilos, para llevarla en la cabina del avión a todas partes”.

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rosa montero en casa con su perro

Y es que viajar es otra de sus pasiones. Aunque hacerlo con animales sea bastante complicado. “Falta muchísimo por hacer. Llevo cuarenta años viajando con ellos y ahora las cosas están un poco mejor y hay más hoteles y hasta restaurantes que admiten perros….Una cosa antes increíble. Pero aun así, sigue siendo difícil y escaso”.

Esta es una de las razones por las que fomenta actividades como las que organiza Perriturismo, una empresa que ofrece paquetes turísticos a dueños y peludos en Galicia. “Fue una experiencia maravillosa. Paula, la organizadora, lo hace muy bien. Fue un fin de semana genial”.

Pero no es la única iniciativa de este tipo que ha probado in situ. También va a excursiones con perros a Guadarrama, organizadas por el Albergue Las Nieves. “Nos reunimos cuarenta perros y otros tantos amos sin un solo problema. Hay que hacer este tipo de cosas para normalizar la tenencia, la convivencia y el disfrute de los animales domésticos”, opina la escritora.

De hecho, pone especial acento a esa convivencia pacífica entre animales y sus compañeros humanos, y a la importancia de la educación en el respeto animal. Cree que aún falta mucho camino para concienciar a la gente que, en muchas ocasiones, desconoce lo que supone cuidar de un peludo, dando como resultado distintos tipos de ‘dueños’.

“Está el ‘dueño tonto’, que regala un perro al niño como si fuera un peluche y luego lo abandona; es para meterlo en la cárcel. O el que lo tiene en el balcón todo el día y lo vuelve loco. O el que no asume ninguna responsabilidad con él: no lo lleva al veterinario, no recoge las cacas… Esos no son animalistas, son unos energúmenos incivilizados y nuestros primeros enemigos. Nuestros y de los animales”.

Además, y como era de esperar, se declara enemiga del maltrato animal. Mucho. Como gran defensora animalista que es, Rosa se deja ver en múltiples manifestaciones como, por ejemplo, las que dicen pedían la prohibición del Toro de la Vega: “Esto ya son palabras mayores. Montones de investigaciones han demostrado, sin ningún género de dudas, que el maltratador de animales lo es también de personas. O sea que, aunque solo fuera por conveniencia, hay que perseguir a esos tarados ejemplarmente”, sentencia.

Se acaba la entrevista. Y Rosa se despide para seguir con su vida, con sus letras, con sus obligaciones… y, siempre, con sus perros y la defensa del mundo animal. Para ellos, siempre habrá tiempo.

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