¿Había perros en América antes de ser conquistada?

perro mexicano de raza xoloitzcuintle

¿Había perros en América antes de ser conquistada?

Hay quien dice que los canes llegaron de la mano de los españoles al Nuevo Mundo pero varias investigaciones demuestran que hay perros desde hace 10.000 años.

Durante años se ha hablado de la posibilidad de que los perros llegaran a América junto a la conquista española en el siglo XV para, según se decía, emplear a los canes como un instrumento más para someter a los pueblos originarios.

Sin embargo, varios estudios genéticos indican que el perro llegó a América con el Homo sapiens, hace alrededor de 11.000 años, por el estrecho de Bering. Con la evolución, se fueron creando varios tipos de canes, que hoy en día conocemos como razas.

Raúl Valadez Azúa, del Laboratorio de Paleozoología del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, asegura que la llegada de manadas de perros y seres humanos afectó la vida en el continente. “Si el continente fue poblado por bandas humano-perrunas necesariamente pensamos ¿hasta dónde habríamos llegado en esta travesía por el continente si lo hubiéramos hecho solos?”, se pregunta.

Los cuatros grupos de perros

Los perros del mundo se agrupan en cuatro grupos, según sus variaciones genéticas. En el caso de América, los estudios de ADN en fósiles de perros hallados allí muestran variaciones en su material genético producidas por el aislamiento geográfico en este continente.

Hasta América llegaron representantes del grupo I y IV. Del primero derivaron todos los perros con pelo del Nuevo Mundo, mientras que del segundo se originaron los distintos perros sin pelo.

Además, el análisis genético indica que los perros americanos no son producto de una única llegada, sino que hubo varios desembarcos y solo algunos de esos canes llegaron hasta el sur. “Esto queda demostrado al analizar las muestras de los perros de Alaska, los cuales manifiestan múltiples orígenes, mientras que en México la muestra indica que los perros nativos provenían de unas pocas líneas”, explica Valadez Azúa.

Y agrega: “En tiempos prehispánicos existieron varias razas, pero tengo la certeza de que la gente no los percibía como objetos, ni como animales que debían adaptarse y criarse para servir a los propósitos humanos, como ocurrió en Europa”.

El investigador destaca dos razas bien definidas de México y América Central que aún sobreviven: los perros sin pelo (Xoloitzcuintle) y los chihuahueños. Pero Valadez Azúa también describe otras dos en sus artículos, las cuales no sobreviven, al menos en sus formas puras: una de patas cortas, que llamó Tlalchichi, y el Itzcuintli o perro común mexicano.

En estas culturas el perro tuvo diferentes funciones. Algunas lo utilizaban como fuente de carne, aunque su consumo se realizaba en una atmósfera de ritualidad. “Se pensaba que el consumo de carne llevaba implícito que la persona asimilara en cierta medida la esencia espiritual del animal”, dice Valadez Azúa.

La piel y los huesos se usaban para hacer artículos de uso cotidiano y distintivos de sacerdotes y militares. También fue una compañía a al que se la asociaba con la lealtad y el afecto. Y fue el animal de sacrificio en ceremonias más utilizado en las culturas mesoamericanas, según el investigador mexicano.

La desaparición de casi todos los perros prehispánicos está asociada a la ideología eurocentrista que diezmó a las culturas precolombinas. “Indígenas y perros nativos eran entidades desechables, carentes de todo valor y para los cuales no existía la menor consideración frente a un nuevo orden donde lo europeo debía ser lo único importante, empezando por los perros”, concluye un trabajo conjunto de Valadez Azúa y Mendoza.

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